Recetas de Postres

torrijas de pan y leche

Receta fácil para hacer torrijas

Preparar torrijas de pan y leche es algo muy tradicional en España, sobre todo en la época de la Semana Santa. La verdad es que se pueden hacer durante todo el año, porque son fresquitas para el verano e ideales para mojar en chocolate caliente en invierno.

Hoy os enseñamos a preparar esta receta tradicional que, además de ser riquísima, es realmente sencilla; os aseguramos que no perderéis mucho tiempo en hacerla, incluso podéis hacerla con niños, y en poco tiempo tendréis un postre muy rico.

Ingredientes para 4 personas:

  • 1 barra de pan que esté un poco dura (valdrá la del día anterior)
  • 500 ml de leche
  • 3 huevos
  • 1 limón
  • 1 rama de canela
  • Harina
  • Azúcar
  • Canela en polvo
  • Aceite de oliva

Lo primero que haremos será poner a hervir la leche en un cazo, junto con la rama de canela y la piel de medio limón; no os olvidéis de evitar la parte blanca del limón, o le dará un toque más amargo a la leche.

Cuando hierva, retiramos la piel del limón y la rama de canela y quitamos el cazo del fuego. Echamos la leche en un plato y la ponemos al lado de una ventana para que enfríe.

Mientras tanto, cortamos las rodajas de pan con el cuchillo puesto en diagonal, para conseguir torrijas de 2 centímetros de grosor, aproximadamente. Colocamos las rodajas en una fuente y vertemos encima la leche.

Dejamos que las rodajas de pan se empapen bien  con la leche, durante unos 5 minutos. Mientras tanto, ponemos harina en un plato y cascamos y batimos los huevos en un bol. También pondremos a calentar una sartén a fuego medio, con el fondo bien cubierto de aceite.

Escurrimos un poco las rodajas de pan y las pasamos primero por harina y luego por huevo. Freímos las torrijas un par de minutos por cada lado, hasta que estén doraditas. Las sacamos a un plato con un papel absorbente.

En una taza o un bol pequeño, juntamos una cucharada de azúcar blanco y/o moreno y media cucharadita de canela en polvo. Espolvoreamos un poco de esta mezcla por encima de las torrijas y las pasamos a otro plato o fuente. ¡Simplemente riquísimas!

 
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Mousse de café y mascarpone

Los mousses son un postre perfecto para cualquier ocasión; suaves, ligeros y de los sabores que más nos gustan son un acierto seguro los llevemos a donde los llevemos. Desde un postre en una comida familiar o con amigos, hasta para tener día a día en la nevera y darnos un capricho después de comer o cenar.

Hoy os presentamos una receta muy especial: mousse de café expreso y mascarpone, con el que triunfaréis seguro. Es una receta muy sencilla, lo único que tendréis que tener en cuenta es que está mejor de un día para otro, pasando la noche en la nevera para que coja textura.

Ingredientes para 4 personas:

  • 100 g de mascarpone
  • 150 ml de café expreso
  • 200 ml de nata para montar
  • 50 g de azúcar (si es moreno, mejor)
  • 3 huevos
  • Cacao en polvo

Lo primero que haremos será preparar el café expreso en nuestra cafetera, ya que necesitamos que cuando lo vayamos a usar esté frío. Os recomiendo que así como se termine de hacer, midáis los 150 ml y los paséis a un plato hondo, donde enfriará mucho antes.

Lo siguiente será separar en dos boles las claras de las yemas de los 3 huevos. En el recipiente donde tenemos las yemas, vertemos los 50 g de azúcar y batimos durante 5 minutos, hasta que el azúcar se haya disuelto del todo. En otro bol pequeño, vertemos los 100 g de mascarpone y los batimos bien.

En un bol que previamente habremos metido en el congelador, junto con las barillas de la batidora, nos disponemos a montar 100 ml de nata que también debe estar fría (los otros 100 ml de nata serán para decorar). Cuando la tengamos montada, añadiremos primero el mascarpone y después el café, mezclando todo con movimientos envolventes.

En ese mismo bol, incorporaremos también la mezcla de las yemas y el azúcar. Montamos las claras del otro bol a punto de nieve y, cuando estén listas, las añadiremos al bol anterior, con el resto de ingredientes. Haremos siempre movimientos envolventes con la cuchara, para mezclar los ingredientes sin que las claras pierdan el aire, que es lo que le aporta esponjosidad al mousse.

Cuando tengamos toda la mezcla lista, la repartiremos en copas con ayuda de un cucharón. Metemos las copas en el frigorífico durante un mínimo de 4 horas, aunque quedarán mejor si las dejamos toda la noche.

Os recomiendo que saquéis las copas de la nevera unos 10 minutos antes de servirlas. Justo antes de ponerlas en la mesa, debemos montar los otros 100 ml de nata para decorar. Colocamos una cucharada de nata en cada una y espolvoreamos cacao por encima. ¡Riquísimo!

 

Tarta de mousse de chocolate y galletas

Si estáis buscando una tarta rica y fácil de hacer, ésta será, sin duda, vuestra tarta estrella. La tarta de mousse de chocolate y galletas es un clásico que triunfa en cualquier ocasión.

Tiene un sabor muy delicado y, si conseguís que la textura del mousse sea muy fina, conseguiréis una tarta que dejará a todo el mundo con la boca abierta.

Ingredientes para 4 personas:

  • 250 g de azúcar
  • 250 g mantequilla
  • 1 tableta de chocolate negro
  • 2 huevos
  • 1 caja de galletas tipo Tostaduca
  • Leche
  • Molde cuadrado o rectangular

Lo primero que debemos tener en cuenta es que para hacer esta tarta debemos sacar la mantequilla de la nevera, como mínimo, 12 horas antes de hacerla; dependerá un poco de la temperatura ambiente.

Empezamos poniendo a hervir un poco de leche en un cazo, que cubra el fondo un par de dedos. Cuando rompa a hervir echamos el chocolate troceado, apagamos el fuego y tapamos el cazo.

Dejamos que repose unos 5 minutos. Volvemos a poner el cazo en la cocina a fuego lento y removemos con una cuchara de madera hasta que el chocolate se derrita completamente. Debe quedar espeso.

A continuación, mezclamos la mantequilla con el azúcar. Batimos muy bien hasta que los dos ingredientes formen una masa homogénea. Separamos, una a una, las claras de las yemas de los huevos, añadimos las yemas a la mezcla de la mantequilla y el azúcar y volvemos a batir.

Reservamos las claras en la nevera hasta el momento de montarlas. Cuando el chocolate esté templado, lo añadimos a la mezcla de las yemas, la mantequilla y el azúcar. Removemos bien y nos ponemos a montar las claras de los huevos a punto de nieve.

Incorporamos las claras montadas al resto de la mezcla con mucho cuidado para que no pierdan el aire con movimientos circulares de abajo a arriba. Engrasamos el molde de la tarta con un poco de mantequilla.

Empezamos a montar la tarta poniendo una primera capa de mousse de chocolate. La segunda capa será de galletas que, previamente, habremos mojado un poco en leche. Continuamos haciendo capas, alternando mousse y galletas, teniendo en cuenta que la última capa debe ser siempre de galletas.

Tapamos el molde con papel de aluminio y metemos la tarta en la nevera hasta el día siguiente. Cuando queramos desmoldarla, lo primero será pasar un cuchillo por los bordes y, si está muy fría, podemos darle un toque de calor con uno de los fogones de la cocina, eso sí, sin pegarla del todo al platel.

Cogemos una fuente y le damos la vuelta a la tarta. Si os ha sobrado un poco de mousse de chocolate, no lo tiréis, ya que os puede servir para culminar la parte de arriba de la tarta cuando la desmoldéis.

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Receta fácil de tarta Guinness

La tarta Guinness es una tarta muy especial; aunque al principio no os suene muy bien el hecho de añadir una cerveza a un postre en cuanto la probéis os daréis cuenta de que estábais equivocados.

Con su sabor inconfundible y su toque a cerveza negra, esta tarta sorprenderá a todo el que la coma, ya que el chocolate, unido al frosting de nata y queso crema hacen una combinación espectacular.

Ingredientes para 4 personas:

  • 250 g de harina de repostería
  • 75 g de cacao puro en polvo (sin azúcar)
  • 400 g de azúcar blanco
  • 3 huevos
  • 250 g de mantequilla
  • 150 g de nata líquida
  • 300 ml. de cerveza negra Guinness
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla
  • 2 cucharaditas y media de bicarbonato sódico
  • Para la cobertura blanca:
    • 300 g de queso crema (tipo Philadelphia)
    • 150 g de azúcar glass
    • 300 ml de nata líquida

Lo primero que haremos será preparar el bizcocho de la tarta. Para esto cogemos una olla pequeña y ponemos en ella la cerveza a calentar sin que llegue a hervir. Cuando ya esté caliente añadimos ahí la mantequilla en trozos, bajamos el fuego y esperamos a que se derrita; cuando esté lista reservamos.

En otro bol grande mezclamos el cacao, la harina, el bicarbonato y el azúcar. Removemos con una cuchara de palo hasta que se junten todos los ingredientes. En un bol diferente juntamos la nata, los huevos y el extracto de vainilla y batimos. Añadimos a este último bol la cerveza y la mantequilla y volvemos a batir.

Cuando tengamos hecha la mezcla, vamos incorporando poco a poco la mezcla de ingredientes secos (harina, cacao...). Conseguiremos una masa líquida uniforme. Ponemos el horno a precalentar a 180º y mientras calienta, untamos el bol desmontable con un poco de mantequilla.

Echamos dentro la masa del bizcocho y lo metemos en el horno. Cuando pasen 20 minutos tapamos la parte de arriba del bizcocho con papel de aluminio para que no se queme. Dejamos el bizcocho otros 20 minutos en el horno y retiramos el papel de aluminio. Lo dejamos en el horno otros 5 o 10 minutos más y ponemos el bizcocho a enfriar.

Mientras se hace el bizcocho, preparamos la cobertura o frosting. Lo primero que haremos será meter el bol donde montaremos la nata en el congelador durante 5 minutos. Una vez esté frío, montamos en él la nata junto con 75 g del azúcar glas.

En otro bol, juntamos los otros 75 g de azúcar glas con el queso crema, batimos y lo añadimos al bol donde tenemos la nata montada. Cuando lo tengamos lo reservamos en el frigorífico hasta que la tarta enfríe.

Cuando la tarta esté completamente fría, ponemos por encima la cobertura y dejamos la tarta toda una noche en la nevera. Es conveniente sacar la tarta de la nevera unos 15 minutos antes de comerla, para que no esté muy fría.

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Tarta fría de queso crema (tipo Philadelphia)

La tarta fría de queso crema (tipo Philadelphia) es un clásico de los postres; por su sencillez y porque está riquísima. Siempre triunfa allá donde la llevéis y es un alternativa genial para desmarcarnos de las típicas tartas de chocolate que se hacen para los cumpleaños.

Tanto si queréis sorprender a alguien por su cumpleaños, como si tenéis una comida o cena en casa o incluso, simplemente, para tener un postre para diario, esta tarta es perfecta. Barata, rica, fácil y rápida de preparar.

Ingredientes para 4 personas:

  • 500 g de queso crema tipo Philadelphia.
  • 500 ml de nata
  • 250 g de azúcar
  • 10 g de cuajada Royal en polvo
  • 10 galletas tipo Digestive
  • 75 g de mantequilla
  • 1 vasito de leche
  • Mermelada de fresa o frambuesa
  • Molde redondo para tartas

Lo primero que debemos tener en cuenta antes de empezar a preparar nuestra tarta es sacar la mantequilla de la nevera un rato antes, para cuando nos pongamos a trabajar con ella esté a temperatura ambiente y sea más fácil manejarla.

Una vez hecho esto, cogemos las galletas tipo Digestive y las ponemos en la picadora. Las picamos hasta que queden como polvo. Una vez tengan esa textura añadimos a la picadora la mantequilla para que se mezcle todo bien.

Cuando saquemos las galletas y la mantequilla de la picadora, debemos amasar la mezcla con las manos hasta conseguir que la masa sea compacta y forme una bola. Cuando hayamos conseguido esa textura, colocamos la bola en el centro del molde para tartas y empezamos a cubrir, hasta que todo el fondo quede cubierto por la mezcla de forma uniforme.

Metemos el molde con la base en la nevera y lo dejamos ahí mientras preparamos el resto de la tarta. Por otra parte, en una olla grande ponemos el medio litro de nata, los 500 g de queso crema tipo Philadelphia y el azúcar. Empezamos a calentarlo todo a fuego medio, para que se mezclen los ingredientes y se funda el queso crema.

Por otro lado, en un vaso, ponemos los 10 g de cuajada Royal y llenamos hasta la mitad con leche (si es entera, mejor). Removemos con una cucharita hasta que no queden grumos de la cuajada y añadimos el vaso a la olla con el resto de ingredientes.

Dejamos que los ingredientes se cocinen hasta que desaparezcan por completo los grumos del queso crema. Esto puede tardar entre 10 y 15 minutos a fuego medio/alto. Es muy importante que estéis muy pendientes de la olla y remováis todo el rato, porque el azúcar tiende a pegarse en el fondo y queda fatal.

Finalmente, cuando todo esté derretido, dejamos enfriar media hora en la misma olla, dándole vueltas de vez en cuando para que enfríe antes. Cuando esté templada la mezcla, sacamos el molde de la tarta y vertemos por encima de forma uniforme.

Tapamos el molde de la tarta con papel de aluminio y lo dejamos en la nevera, por lo menos, entre 6 y 8 horas. Tened en cuenta que cuanto más esté en la nevera, mejor quedará de textura. Por último, desmoldad la tarta y emplatad, con un poco de mermelada por encima de cada trozo de tarta.

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Cómo preparar natillas caseras tradicionales

Las natillas son un postre tradicional de la cocina española. Uno de los platos estrella, que enamoran a niños y mayores. Se elaboran con leche, huevos, azúcar y canela y son un postre ideal para los calurosos días de verano, ya que son muy fresquitas. Hoy os traemos una receta sencilla y rápida, para que podáis hacer esta receta en poco tiempo y la disfrutéis al máximo. Veréis que una vez que la hagáis no dejaréis de repetirla. Ingredientes para 4 personas:
  • 1 litro de leche entera
  • 5 yemas de huevo
  • 100 g de azúcar
  • 40 g de maizena
  • 1 cáscara de limón
  • 1 rama de canela
Lo primero que debemos hacer es separar un vaso de leche de nuestro litro. El resto lo ponemos en una olla y lo empezamos a calentar junto a la cáscara de limón y la ramita de canela. Dejamos que hierva la leche y, cuando lo haga, bajamos el fuego y dejamos que se siga cociendo durante 5 minutos más. Cuando esté lista, ya colamos y la reservamos en la misma olla. Lo siguiente es diluir la maizena en el vaso de leche que habíamos separado al principio; es muy importante remover mucho con una cucharita para que no queden grumos. A continuación, cogemos un bol y separamos en el las yemas de las claras de los huevos. En esta receta solo usaremos las yemas; las claras podemos reservarlas para subirlas a punto de nieve y usarlas en otra receta. En ese mismo bol, añadimos el azúcar y el vaso de leche con la maizena. Batimos todo bien, hasta que se hayan mezclado todos los ingredientes. Cuando esté lista la mezcla, vamos incorporando, poco a poco, la leche que antes habíamos calentado. Batimos hasta que vemos que se forma una capa de burbujas en la superficie. Vertemos toda esta mezcla en una olla y encendemos el fuego al mínimo. En este paso es necesario que estemos removiendo todo el rato, ya que la mezcla tiende a pegarse cuando se calienta. En aproximadamente 10 minutos notaremos que las natillas han espesado. Es la hora de sacarlas del fuego y verterlas en un bol para que enfríen. Cuando hayan templado, las metemos en la nevera y las dejamos ahí hasta que enfríen por completo. Cuando las saquemos, las echaremos en pequeños cazos individuales, espolvoreamos un poco de canela por encima y, si nos gusta, añadimos una galleta maría o un rollito de barquillo. ¡Y a disfrutar!
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Tarta de Santiago: la receta de tarta de almendras original

Hoy os queremos presentar una receta rica, tradicional y fácil. Es la tarta de almendras original, conocida más popularmente como Tarta de Santiago. Es un postre muy ligero, sano y sencillo de hacer.

Hay dos formas de elaborarla, la más tradicional y conocida es la Tarta de Santiago sin forro, que es la tarta donde la masa de almendras se cocina sin ningún forro de masa u hojaldre; directamente cocinamos en el molde.

En Galicia ésta es una tarta muy recurrente para preparar en casa si tienes invitados o tienes que llevar algún postre a alguna fiesta. Y lo mejor de todo, es muy fácil y prepararla no te llevará mucho tiempo.

Ingredientes para 8-12 porciones:

  • 250 gramos almendra molida cruda
  • 250 gramos azucar
  • 5 huevos
  • Media cuchara pequeña de canela
  • Una cuchara grande de azúcar glass
  • Ralladura de limón
  • Una cucharada de mantequilla para untar el molde.

También necesitaremos:

  • Molde redondo de 22cm de diámetro
  • Una cruz de Santiago de papel

Lo primero será calentar el horno a 180 grados. Después, echamos en un bol: azúcar, almendra rallada, canela y ralladura de limón.

Mezclamos y añadimos los huevos; en este paso es necesario mezclar bien los ingredientes, pero sin llegar a batir.

Untamos el molde de nuestra tarta con mantequilla. Ponemos toda la mezcla en el molde y horneamos a 170 grados durante más o menos 50 minutos (dependerá de vuestro horno) hasta que la superficie esté tostadita.

Sacamos la tarta del horno y dejamos enfriar. Ponemos la cruz de papel encima y espolvoreamos el azúcar glass.

Lo mejor para espolvorear el azúcar glass es hacerlo con un colador para que caiga sobre la tarta de forma homogénea.

Quitamos la cruz y ¡ya tenemos lista nuestra tarta de Santiago! Lo único que nos queda es cortarla en triángulos y disfrutar de ella y de su maravilloso sabor a almendra.

Receta clásica de tiramisú

El tiramisú es un postre tradicionalmente italiano, extendido hoy en día a todo el mundo. Para mi gusto, y el de los amantes del café, uno de los postres más ricos que existen.

Con esta receta que os presentamos hoy podréis preparar un riquísimo tiramisú que triunfará allá donde lo llevéis. Además de ser muy fácil de preparar, esta receta os permitirá elaborar un postre frío, delicado y muy ligero, que combina a la perfección con cualquier comida.

Ingredientes para una bandeja de tiramisú:

  • 500 g de queso mascarpone.
  • 5 cucharadas de azúcar
  • 5 huevos
  • ¼ litro de café
  • 300 g de bizcochitos de soletilla
  • Cacao en polvo

Lo primero que debéis saber para hacer un buen tiramisú, es que los huevos y el azúcar van siempre en proporción con el queso mascarpone. Así que si queréis hacer más o menos cantidad según el número de invitados podéis seguir esta proporción: por cada 100 g de mascarpone, un huevo y una cucharada de azúcar.

Lo primero que debemos hacer (y con mucho cuidado) es separar las claras y las yemas de los huevos en dos cacharros. Por una parte, con ayuda de unas varillas y la batidora, montamos las claras a punto de nieve. Deben estar tersas y lo más solidas posible.

Para que las claras monten bien es necesario que estén muy frías, de la nevera; además, debemos tener cuidado con que no caiga nada de la yema de los huevos y que las varillas estén bien limpias.

Después de montar las claras, las reservamos en la nevera el menor tiempo posible y, en otro bol, batimos las yemas y el azúcar, hasta que la mezcla quede homogénea y de color amarillo.

Lo siguiente es batir el queso mascarpone con las yemas y el azúcar. Una vez se haya mezclado todo bien, debemos añadir con mucho cuidado las claras montadas a esta mezcla. Es importante añadir las claras con movimientos circulares de arriba a abajo, para que no se pierda el aire y la esponjosidad que caracterizan a este postre.

El siguiente paso es preparar el café que utilizaremos para mojar los bizcochitos. Podéis escoger el tipo de café que más os guste; en este link podréis haceros una idea de los tipos de café que hay y escoger vuestro preferido.

Yo, personalmente, siempre utilizo el café hecho con mi cafetera italiana, la típica de siempre. Cuando el café esté hecho, lo vertemos en un plato, echamos un par de cucharaditas de azúcar y removemos con una cucharita.

Ahora preparamos el molde donde montaremos el tiramisú. Con ayuda de un cucharón y una espátula, ponemos una primera capa de la mezcla de los huevos, el azúcar y el mascarpone. Con el plato de café al lado, mojamos los bizochitos por un solo lado y los colocamos encima de la primera capa de mezcla.

Continuamos así, intercalando capas de la mezcla con capas de bizcochos mojados en café. Al terminar, os recomiendo que guardéis el tiramisú en la nevera durante un par de horas antes de comerlo, para que asienten todos los ingredientes.

Finalmente, para terminar nuestro tiramisú, espolvoreamos un poco de cacao en polvo por encima, de forma que cubra toda la superficie del molde.

Cómo hacer turrón de chocolate casero

Todos sabemos ya que el turrón de chocolate es un postre bastante económico y que está muy rico. Realmente es mucho más fácil comprarlo en el supermercado, sin embargo, si lo hacéis en casa, veréis que el sabor es totalmente diferente.

Hacer este postre navideño en casa es mucho más fácil de lo que imaginas y el sabor supera con creces al que puedes comprar en cualquier supermercado. Además, ésta es una receta de turrón que no necesita ni horno, sólo tienes que hacer la masa y listo.

En la próxima cena navideña toda la familia disfrutará de tu turrón casero. ¿Te animas a hacer la prueba?

Ingredientes para 4 personas:

  • 100 g de galletas María
  • 100 g de avellanas
  • 100 g de azúcar
  • 60 g de chocolate fondant
  • Mantequilla

Instrumentos para la preparación:

  • Molde
  • Papel parafinado
  • Cuenco
  • Microondas
  • Espátula

Lo primero que debemos hacer es preparar nuestro molde. Lo cubrimos con el papel parafinado, lo untamos con mantequilla y reservamos.

Mientras tanto, derretimos en el microondas el chocolate junto con la mantequilla a máxima potencia, hasta que los ingredientes estén bien derretidos.

Después de esto, debemos trocear las avellanas (si queremos que queden en trozos) o triturarlas en la picadora. Luego las añadimos al chocolate y la mantequilla junto con el azúcar y las galletas trituradas.

Removemos con ayuda de una cuchara de madera hasta que se forme una masa homogénea. Este proceso es el más importante y será la clave del sabor de tu turrón.

Una vez lista, vertemos la masa en el molde que habíamos preparado; la ajustamos al fondo para cubrir bien todos los huecos y alisamos bien la superficie.

Entonces, metemos el molde al microondas a máxima potencia durante tres minutos, hasta que la masa empieza a burbujear. Es el momento de retirarlo y dejarlo enfriar durante un par de horas.

Una vez compruebes que el turrón se ha endurecido totalmente puedes desmoldarlo, con ayuda de una espátula. Puedes ponerlo en una fuente o en un plato, dependiendo de la forma que tenga tu molde.

Finalmente, puedes decorarlo con virutas de colores o bolitas de chocolate blanco. ¡Y a comer!

Cómo hacer mermelada casera de fresa

La mermelada es ideal para hacer riquísimos desayunos, meriendas y cenas, y estará mucho más rica si la preparamos nosotros mismo en casa.

Por eso, hoy os enseñamos a hacer mermelada de fresa casera. Es una receta muy fácil y con la que tendréis mermelada para mucho tiempo.

Eso sí, antes de empezar a preparar la mermelada, aseguraos de tener botes de cristal con tapa (si tienen cierre hermético, mejor) para almacenarlos.

Ingredientes:

  • 1 kg de fresas
  • 2 vasos de azúcar
  • 1 vaso de agua
  • Zumo de un limón

Lo primero que tenemos que hacer es quitarle los tallos a las fresas y reservarlas. En una licuadora, ponemos más o menos la mitad del kilo de fresas y las licuamos junto con el zumo de limón y el vaso de agua.

A continuación, en una cacerola colocamos este jugo que acabamos de sacar de la licuadora junto al vaso de azúcar. A fuego lento, dejamos que se cocine entre 25 y 30 minutos, removiendo siempre con una cuchara de madera para que no se pegue la mezcla.

Cortamos el resto de las fresas en cuatro trozos y las añadimos a la cacerola una vez que haya pasado 10 minutos al fuego. Cocinamos sin dejar de remover hasta que la mezcla espese.

Si os gusta la mermelada sin trozos, lo que debéis hacer una vez termine de cocinarse, es pasarla por la batidora para triturar la fresa. Si os gusta con trozos no tenéis más que dejarla así.

Finalmente, tenemos que dejar enfriar un poco nuestra mermelada. Cuando hayan pasado unos minutos y la mezcla esté templada, la vertemos en los botes de cristal, los cerramos y esperamos a que enfríen de todo.

Es bueno que, una vez que hayan enfriado, los metamos durante 24 horas en la nevera, para que los ingredientes asienten y el sabor sea mejor.

Lo último que os queda es disfrutar de vuestra propia mermelada en tostadas o galletas, por ejemplo. Aunque si os gusta innovar, podéis utilizarla de acompañamiento para algún aperitivo, como los palitos de mozzarella fritos que os enseñamos a preparar en este otro post.